El 17 de enero se celebró en la sala segunda del Tribunal Supremo el primero de los tres vergonzosos juicios contra el juez Baltasar Garzón. La alianza de intereses inconfesables entre sectores de la izquierda y la derecha política y judicial, de importantes sectores de la opinión pública y medios de comunicación, la última excrecencia del franquismo y el Partido Popular como muñidor de la trama Gürtel, se han confabulado para acusarle de prevaricador, mal instructor y ladrón, cubriendo así todo el espectro de la descalificación de un personaje cuya controvertida trayectoria personal y profesional le han granjeado la adhesión y la enemistad a partes iguales entre amplios sectores de la judicatura, la política y el periodismo.
Desde que en 2011 se anunciaran los juicios contra Baltasar Garzón, buen número de políticos, periodistas y demás voces autorizadas, haciendo gala de un mezquino fariseísmo, han venido insistiendo hasta el aburrimiento en la “grandeza de nuestra democracia, que no hace distingos entre los ciudadanos a la hora de sentarlos en el banquillo de los acusados”. Esta actitud, que se explica en parte por la inquina -confesa en muchos casos- que le profesan muchos individuos de esos sectores, demuestra asimismo una alarmante falta de ese mismo sentido democrático al que ellos apelan para abandonar a Baltasar Garzón a su suerte, que parece estar más que echada.
Sin embargo, los verdaderos demócratas, los defensores del Estado de Derecho y de las víctimas del franquismo no podemos aceptar con indiferencia la posibilidad de su condena. No podemos aceptar que políticos implicados en el caso Gürtel, la mayor trama de corrupción jamás conocida en democracia sean absueltos, mientras que el juez que los procesó esté al borde de la inhabilitación.
No podemos aceptar la afrenta que supone a las víctimas del franquismo y a sus familiares que el alto tribunal haya desoído sus demandas de justicia y siente en el banquillo y pueda condenar en democracia al único miembro de la judicatura que ha querido investigar los crimines de la dictadura franquista. No podemos aceptar que, ignorando las más elementales garantías procesales, Emilio Varela se haya constituido en juez y parte para sacar adelante la querella interpuesta por el sindicato fascista Manos limpias, despreciando la legislación internacional y los acuerdos suscritos por el Estado español en defensa de los derechos humanos y contra los crímenes de lesa humanidad y genocidio.
Circunstancias como éstas nos deberían hacer reflexionar sobre nuestra clase política, sobre el papel que desempeñan los medios de comunicación, sobre la clase de justicia que tenemos y queremos para esta” democracia” a la que tanto apelan los que se niegan a ver que es en decisiones como ésta donde verdaderamente se juega su consolidación y su credibilidad.
Solidarios
La plataforma Solidarios con Garzón, junto con diversas asociaciones vinculadas al movimiento de la Memoria Histórica, ha puesto en marcha una campaña que no sólo pretende mostrar su solidaridad con el juez Baltasar Garzón, sino –lo que es mucho más importante- defender la dignidad de nuestra democracia, la del Estado de Derecho y la de las víctimas del franquismo. Han sido ya varios los actos y concentraciones que se han celebrado en Madrid, y a los que han asistido personajes destacados del mundo de la cultura y el espectáculo, políticos, asociaciones de víctimas del franquismo y ciudadanos de sólidas convicciones democráticas que manifiestan su repulsa ante unos juicios que pueden convertir a Baltasar Garzón en el primer condenado del caso Gürtel y en la última víctima del franquismo.
Cari
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