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UN BALANCE DE LA PRIMAVERA ÁRABE

En el primer aniversario de la primavera árabe, que ha abierto un proceso revolucionario en el norte de Africa y en Oriente Medio, el Comité Central de nuestra tendencia, POR-La Aurora, ha aprobado en su última sesión el siguiente balance.  
03 de Febrero de 2012
UN BALANCE DE LA PRIMAVERA ÁRABE

 

La "primavera árabe" y el aumento de la tensión en Oriente Medio

 

Cuando se conmemora el comienzo hace un año de la Primavera árabe, que ha abierto un proceso revolucionario sin precedentes en el norte de Africa y en Oriente Medio, el Comité central de nuestra tendencia, POR-La Aurora, ha aprobado en su última sesión el siguiente balance, en el contexto más amplio de su debate sobre la coyuntura internacional:

Las consecuencias de las políticas de ajuste neoliberal en Túnez y Egipto han provocado importantes movilizaciones populares de protesta, que han acabado derribando a dos regímenes autoritarios pro-imperialistas, que se encontraban en fase de transición política por la avanzada edad de Ben Ali y Mubarak. La aparición de las movilizaciones populares ha hecho imposible una transición pactada y ha obligado a las elites pro-occidentales a ganar tiempo para volver a controlar la situación y a ampliar institucionalmente un espacio político que se estaba ganando en la calle y en las plazas.

En ese nuevo espacio público y político, antes totalmente controlado por las elites neoliberales locales, han aparecido las fuerzas sociales que existían organizadas como contra-culturas, en especial los Hermanos Musulmanes pero también las organizaciones salafistas. Son ellas las que han ganado las elecciones en Túnez y Egipto, marginando a los sectores laicos populares, obreros y democráticos, y han pactado con las oligarquías neoliberales -reorganizadas políticamente- que siguen en buena medida dominando las fuerzas armadas y represivas, conectadas social y económicamente con Francia y EE UU.

La primera fase de la "primavera árabe" en Túnez y Egipto ha terminado con la constitución de un nuevo bloque hegemónico basado en un pacto de la oligarquía neoliberal con los Hermanos Musulmanes, que empieza a poner limites a la autonomía y la capacidad de movilización de los sectores laicos y obreros populares, sin que por ello sea capaz de crecimiento económico ni de estabilidad social. Esta evolución no es muy distinta en sus resultados a lo ocurrido en Turquía por vía electoral con la victoria en 2007 del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Recep Erdogan.

Ni de lo ocurrido también por vía electora en Marruecos en 2011, con la victoria de los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) tras las protestas del Movimiento 20 de Febrero contra las reformas constitucionales otorgadas por Mohamed VI. Las diferencias están en relación directa con la fuerza de los movimientos populares de protesta y el grado de crisis y de capacidad de respuesta de los regímenes existentes.  

Pero como es ya evidente en Egipto, este nuevo bloque de poder con participación islamista, tiene la difícil tarea de desmovilizar a los sectores sociales que siguen sufriendo las consecuencias de la crisis económica. Aunque la principal función de las fuerzas islamistas es precisamente esa, cooptarlos en sus estructuras contraculturales, el margen de maniobra económico, las consecuencias sociales de la deuda y la presión por seguir acometiendo las reformas neoliberales, acabaran volviendo a plantear mas pronto que tarde la cuestión de la existencia de un espacio democrático o no para las movilizaciones sociales. De ahí la importancia de la combinación de consignas democráticas y sociales en estos procesos, en los que han comenzado a surgir pequeñas fuerzas de izquierda alternativa y sindicales autónomas. 

Pero cada país árabe exige un análisis detallado y las generalizaciones solo han servido para provocar falsos debates y, en algunos casos, errores de orientación. En el caso de Yemen, las divisiones tribales y regionales juegan un papel mas importante que las definiciones políticos religiosas y el movimiento popular quedó prácticamente dividido al 50% desde el comienzo del proceso, permitiendo su control exterior por Arabia Saudi y los estados del Consejo de Cooperación del Golfo, para impedir cualquier extensión que ponga en peligro sus monarquías, mientras se reprimía sin contemplaciones al movimiento popular, de mayoría shii, en Bahrein.  

El desarrollo de los acontecimientos en Libia han provocado un amargo debate en la izquierda, enfrentando a corrientes trotskistas con bolivarianas. A diferencia del resto de los países del Magreb, las movilizaciones no tuvieron su origen en sectores sociales populares y trabajadores, sino en sectores de la burguesía y tribus del Este del país -donde la presencia de los Hermanos Musulmanes y de las corrientes salafistas era más fuerte-, por el reparto de la renta petrolera, que distribuía el régimen gadafista con criterios clientelares. Desde sus inicios, fue fundamentalmente una crisis inter-tribal e inter-burguesa en un país en el que la clase trabajadora esta compuesta en su absoluta mayoría por emigrantes, que huyeron para evitar ser las víctimas propiciatorias.

Esta naturaleza del conflicto fue la que permitió la intervención imperialista de Francia, Gran Bretaña y EE UU, con apoyo de la OTAN, que acabaron con el régimen de Gadafi y la reconstrucción de un régimen neo-colonial directamente dependiente, en alianza con las fuerzas islamistas. 

Desde el punto de vista histórico esta es una importante diferencia de los resultados de la primera fase de la Primavera árabe con la revolución iraní de 1979. El proceso de movilización popular de 1977-79 contra el Sha tuvo un componente popular laico-obrero, socialista, comunista- más importante que el de la Primavera Arabe de 2011.

Pero el movimiento islámico, -en un frente que representaba al clero, los caciques rurales y tribales, la burguesía bazari e industrial-, fue capaz de imponerse y asfixiar el espacio democrático conquistado con tanto heroísmo. Su oposición al imperialismo fue el resultado de concesiones a su base popular y a la alianza de EE UU y Gran Bretaña con las fuerzas monárquicas y liberales del régimen del Sha, así como a las propias dimensiones demográficas y económicas de Iran, que le permitieron convertirse en una potencia regional. La herencia del fracaso de la política de contención imperialista de Iran -desde la guerra Irak-Iran hasta la actual cuestión nuclear- es la que ha alimentado el miedo de las monarquías árabes petroleras, alineandolas con EE UU, estableciendo una "santa alianza" en Oriente Medio y determinando en gran medida el conflicto arabe-israeli de Oriente Medio.  

Hoy el eje de ese enfrentamiento de alianzas es la situación en Siria, Irak y el control del estrecho de Ormuz, por donde se transporta un tercio del petróleo. En Siria e Irak, la polarización y la competencia inter-imperialista regional ponen en cuestión el marco constitucional y nacional de ambos países, en los que el gobierno laico arabista sirio, con dominio confesional alawi y cristiano, se alinea con el gobierno shii de Irak, apoyados por el régimen de los ayatollahs irani, frente a fuerzas oposicionales de mayoría suni financiadas y armadas por Arabia Saudi y las monarquías del Golfo, con el patrocinio de EE UU, como estrategia de llenar el espacio dejado por la retirada de sus tropas de Irak.  

En este marco, en el que las fuerzas principales responden al conflicto inter-imperialista, hay movilizaciones populares sociales autónomas, que carecen por el momento de la capacidad de construir alternativas, tanto a los regímenes dictatoriales de Damasco o Bagdad, como a las fuerzas islamistas y salafistas, pero que buscan crear espacios democráticos de movilización en uno y otro campo. Los ejemplos mas inmediatos son los tres partidos comunistas sirios, el Partido Nacional Social sirio, sectores escindidos de los partidos Baath sirio e iraki o sectores de la izquierda kurda. 

En un marco de mayor complejidad social y política que en Libia, es muy probable que la creciente tensión en Oriente Medio y la agudización de la crisis interimperialista provoque un debate en las corrientes de izquierdas aun mas divisivo, que contamine también el debate sobre la estrategia de las fuerzas políticas palestinas, sometidas a una nueva ola de represión -como sus aliados en la pequeña izquierda israeli- tanto en Cisjordania como en Gaza. En los últimos días las fuerzas de ocupación israelies han vuelto a detener a numerosos miembros del Parlamento palestino, buscando quebrar los acuerdos de unidad nacional de Fatah y Hamas. 

Nuestro punto de partida es el análisis concreto de la situación, evitando tanto los prejuicios "campistas" como los impresionismos "permanentistas", que hasta ahora han provocado errores como apoyar a los dictadores árabes en contra de las movilizaciones populares o justificar intervenciones "humanitarias" de la OTAN.

Por el contrario, hay que comprender cual es la naturaleza de los conflictos, identificar a los sectores populares obreros y trabajadores, entrar en diálogo con las fuerzas de izquierda locales, por muy pequeñas que sean, y apoyarlas frente a las monarquías semifeudales, las fuerzas islamistas y las oligarquías, sean laicas o religiosas, en la defensa de reivindicaciones democráticas y sociales. Mientras estas fuerzas de izquierdas no puedan construir alternativas, las crisis políticas y sociales en el Mundo Arabe y Oriente Medio estarán dominadas por los conflictos inter-imperialistas.

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