Antes que nada quiero agradecer el honor de hablar por primera vez por invitación de la Fundación Andreu Nin, con esta exposición del POUM aquí (en el Museo de Historia de Barcelona) Es para mí un hecho muy especial y que me emociona particularmente.
El tema de hoy es “Mujeres y revolución”. Contaré mi percepción sobre la situación de las mujeres en el mundo del POUM en aquel momento, y luego quisiera analizar dónde estamos ahora las mujeres y los hombres en la revolución actual hacia la igualdad.
Os quiero hablar desde un punto de vista, en parte personal y en parte desde uno de mis campos profesionales. El personal lo baso sobre la reconstrucción de la historia de mi familia y sobre mi identificación con el feminismo. El profesional lo baso en mi trabajo sobre la violencia de género y el seguimiento de casos de mujeres maltratadas.
Si miro atrás y me pongo a pensar veo que mi linaje, como la mayoría, se explica a través de las mujeres y habla sobre todo de los hombres. Me llamo Cristina Simón, pero me podría haber llamado Cristina Nin, ya que mi abuelo paterno era Andreu Nin. Mi abuela, María Andrés, fue la primera mujer que vivió con él. Como mi padre murió cuando yo era pequeña, fue mi madre quien nos explicó lo que sabía, que no era mucho, ya que mientras viviera Franco era mejor no saber mucho.
Por otros lares del planeta fueron desarrollando sus vidas Olga, la segunda mujer que vivió con mi abuelo, y sus hijas Ira y Nora. Cuando conseguí encontrar a Nora y a su hija Silvia fueron de nuevo las voces de las mujeres las que transmitieron. Silvia y yo, con la distancia que permite el tiempo, nos hicimos muchas preguntas sobre la revolución del 36, las mujeres, su liberación durante ese período, la actitud de los hombres ante los nuevos papeles que asumían las mujeres … y eso lo comparábamos con lo que sabíamos de su casa y cómo nos habían educado. Veíamos que no siempre todo casaba, que nuestras madres y padres, abuelo y abuelas no siempre habían cumplido predicando con el ejemplo, aunque si que lograron que tales experiencias fueran más real para nosotras. Somos el resultado, en gran parte, de su trabajo. Las dos sabemos que la revolución será feminista o no será.
Por otro lado mi búsqueda familiar me llevó a la Fundación Andreu Nin (FAN), o primero, mejor dicho, a Pelai Pagés (historiador e investigador sobre el POUM), a quien le debo agradecer la paciencia y lo mucho que me ha enseñado. Pelai me puso en contacto con Mª Teresa Carbonell y Wilebaldo Solano (julio de 1916–septiembre de 2010. Último secretario del POUM). El primer encuentro en su casa es un de los días más extraordinarios de mi vida. Encontré igualmente a María, la tía Nin que me ha podido explicar un montón de cosas y me ha ayudado a entender laberintos familiares.
La FAN me permitió también conocer a Cyndi Coignard e Isabella Lorusso. He leído con especial interés sus trabajos justamente por la aportación de visión de género que dan, y por estar realizados con un método académico. A través de su trabajo he podido ver cómo era la participación de las mujeres del POUM, como fue su revolución, qué actitud tuvieron los hombres, etc. y también en la FAN he conocido a mujeres, como Mª Teresa Carbonell, Ondina Ballester, Teresa Rebull, Silvia Menéndez Cahue…
He podido ver que lo que mi prima y yo habíamos deducido en el estudio de nuestra familia sobre las mujeres del POUM, correspondía con lo que encontrábamos a través de estas personas.
Ya os he dicho que no soy historiadora y que mi visión está muy matizada por mi historia personal, así que lo que expongo ahora no lo puedo corroborar con un trabajo científico como los de la Cyndi e Isabella, pero si que aplico las bases de mi feminismo del siglo XXI. Ya se sabe que el pasado se reconstruye en cada momento de forma que se pueda entender en el presente.
Mi visión de la situación de las mujeres en ese momento es la siguiente. Tanto en el POUM como en los movimientos anarquistas por fin la mujer fue tenida en cuenta y llegó a tener voz propia o casi. Se hicieron grandes avances: la mayoría de edad es un claro ejemplo. La coeducación en la escuela sería otro, y no son los únicos.
Pero la mayoría de mujeres se quedaron en la retaguardia, cubriendo puestos al que accedían porque los hombres estaban ocupados en el frente o en la vida del partido. Tened en cuenta que se atribuye un valor heroico al hecho de luchar en el frente. De las mujeres que participaron han pasado a la historia como excepción, no como norma. Incluso nos podemos plantear si Mika Etchèberè (la única mujer que mandó un grupo de milicianos en la Guerra Civil) hubiera comandado el grupo si su compañero Hipólito no hubiera muerto. ¿Si era tan buena comandante por qué no tuvo un batallón desde el principio? ¿Cuántas veces más que un hombre, tuvo que probar que valía y cuanta energía de más le debía costar imponerse? También nos podemos fijar en que se la conoce por el apellido de su compañero y no por el suyo, que es Feldman. Este detalle nos podría hacer reflexionar.
Creo que hay que remarcar que si hombres como mi abuelo y tantos otros, poco conocidos, hicieron lo que hicieron, fue porque había tantas mujeres en la retaguardia y en casa, criando a las criaturas, haciendo escuelas, cocinando y lavando, preservando un lugar donde quizás se podría volver. Y esto no se considera en absoluto heroico. No quiero sacar mérito a lo que hicieron ellos, quiero dárselo a lo que hicieron ellas.
Pienso que realmente las mujeres se arremangaron y que la mayoría de hombres del POUM les abrieron la puerta sinceramente. Este fue uno de los pasos más importantes hacia la gran revolución.
Sin embargo no tuvieron tiempo de hacer la revolución personal, interior, que este gran cambio hacia la igualdad pide. En ese momento se escapó el hecho de que, aun invitando a las mujeres a jugar con las normas ya existentes, no se hizo un cambio profundo de las mismas, especialmente en el ámbito privado. El patrón, la regla, era el hombre, como de hecho todavía es ahora, y este es el error. Error que en aquel momento no se podía percibir y que sin lo que hicieron aquellas personas hoy seguiríamos seguramente sin detectar.
¿Recordáis lo que nos explicaba M ª Teresa Carbonell el año pasado? Nos leía un artículo del diario Emancipación de las mujeres del POUM, en que una mujer hablaba del comportamiento de los hombres en casa. Estos hacían la revolución en la calle pero al volver querían encontrar la cena en la mesa. Era el orden natural de las cosas que tenían integrado. Ser capaces de deshacerse de ellos pedía mucha clarividencia y mucha generosidad a la hora de perder privilegios que quizás no percibían como tales.
¿DÓNDE ESTAMOS HOY?
¿Donde estamos hoy? ¿Este trabajo que hizo por nosotros esa gente, que nos ha aportado? No podemos saber dónde hubiéramos llegado si la República no hubiera perdido la guerra, si Stalin no hubiera tenido la mano tan larga, si… si… si… Pero si podemos hacer un pequeño análisis sobre el punto en que nos encontramos, ahora, las mujeres en la revolución hacia la igualdad, y donde están los hombres.
Por suerte las leyes han llegado muy lejos. Encontramos una cierta cuota de mujeres en puestos de poder económico, político y social. Demasiado pocas aún, es cierto. Y que también nos podemos hacer la pregunta de si están después de jugar como súper campeonas con las normas de los hombres. El problema es que en realidad sigue sin haber un auténtico cambio de valores. ¿Son los hombres conscientes de que este cambio de normas se debe hacer? ¿Lo somos todas las mujeres? ¿Sabemos las personas que una revolución empieza en nuestro interior y sigue, antes de salir a la calle, por nuestra casa? Creo que para eso todavía falta mucho.
Os pondré un pequeño ejemplo, muy cotidiano, que seguramente reconoceréis. En un supermercado, el sábado por la mañana, un hombre entra arrastrando un carrito y se queda mirando los pasillos de estanterías. Recorre un trozo del primer pasillo y coge un pack de cervezas y una bolsa de patatas fritas. Camina un trecho más, gira y recorre otro pasillo. Mira, sin ver, el montón de artículos expuestos. Después saca el móvil, y se oye que dice –«Cariño: ¿Qué quieres que compre? … ¡Cómo no me has dejado la lista de la compra! ...»–
Parece trivial, ¿no? Analizadlo bien. Es terrible que parezca trivial. Aunque más que el hecho en sí. ¿Qué significa esta llamada en realidad? ¡Que un hombre a los 40, o a los 30, o la edad que le queráis ponerle, aun no sepa que se come en su casa durante la semana! Esta es la primera. La segunda es que de forma casi imperceptible, encuentra modo de culpar a la mujer de no ha haber sido suficientemente buena para dejarle la lista de la compra. La tercera es que se reafirma en su derecho de NO gestionar la logística del hogar, y recarga así a la mujer, quitándole tiempo propio. La cuarta es que él es muy bueno porque ayuda (a la mujer en un trabajo que es suya). Y podríamos seguir encontrándole más consideraciones.
En resumen: es evidente que este hombre, que está en todos los supermercados del país, no ha hecho ninguna revolución personal (simplemente ha maquillado su actitud para ser políticamente correcto), y que la mujer que vive con él o tampoco la ha hecho, o está continuamente luchando o tira la toalla, al menos en este aspecto. La gota malaya de la llamada de cada sábado llega al desatino de la más valiente.
MICROMACHISMO
Os he puesto un ejemplo de lo que se llama micromachismo. Os podría poner muchos más, de muchos tipos, con el análisis correspondiente para detectar a qué creencias profundas responden, pero ahora no es el momento. Sólo hago una pequeña definición, adaptada de la que hace Luis Bonino, que es quien patentó el término: –«Los micromachismos son prácticas de dominación masculina, en la vida diaria, del orden del micro, de lo casi imperceptible, que están en los límites de la evidencia.»–. Son un amplio abanico de maniobras interpersonales que impregnan los comportamientos masculinos en el ámbito de lo cotidiano. Están cada vez más estudiados, tanto en el ámbito de la pareja, como en el resto de ámbitos sociales (laboral, político, etc). Actualmente son una de las bases de la resistencia al cambio. Son posibles porqué en su fuero interno, muchos hombres, siguen sintiéndose, como norma, con supremacía sobre la mujer.
Son estas las actitudes que se deben detectar y cambiar. Es un trabajo que pide muchos sinceridad, generosidad, paciencia y empatía por parte de mujeres y de hombres …
¿Por qué la igualdad entre mujeres y hombres es tan importante para esta revolución de la que tanto hablamos, la revolución que nos liberaría del capitalismo abusivo, que daría otra percepción del poder y de lo que valemos las personas? ¿Por qué el comportamiento privado de las personas puede ser tan importante, si en el ámbito público trabajan activamente, incluso dan la vida por el cambio social tan deseado? Os transcribo una cita de alguien que lo supo explicar muy bien:
–«Hay que comprender que las grandes estrategias de poder se incrustan, encuentran sus condiciones de ejercicio, en micro-relaciones de poder. Designar estas micro-relaciones y denunciarlas, decir quién ha hecho qué, es una primera transformación del poder.»– (Foucault)
Todos los que tenemos niños en casa hemos podido observar cómo aprenden de nosotros cosas que no les hemos enseñado. Vemos cómo adquieren pequeñas manías, comportamientos y como deducen inconscientemente los equilibrios de poder dentro de casa. Cualquier niño o niña sabe desde el primer día a quien ha de pedirle para poder conseguirlo.
Por tanto, la criatura que se eduque en una familia donde se ejerzan micromachismos, absorberá directamente todo lo que se infiere de estos comportamientos no igualitarios. Como no puedes dar lo que no tienes, si nunca has mamado realmente la noción de igualdad: ¿Cómo podrás luchar por ella, aplicarla y ampliarla, dentro y fuera de casa?
Os invito, si os parece interesante, a saber más sobre los micromachismos. Curiosamente son sobre todo hombres quienes los han estudiado, hombres que quieren ser personas igualitarias y que quieren encontrar un nuevo modelo de masculinidad. Es fácil acceder a documentación: poner en el buscador de Internet "micromachismos" e iréis a parar a las páginas de Luis Bonino y, a través de él, acceder al resto. Os lo recomiendo.
Las mujeres del POUM hicieron la revolución dentro y fuera de casa. Los hombres, de aquel momento, y ellas, hicieron mucho más de lo que su tiempo histórico permitía. Las mujeres de ahora tenemos que seguir revolucionándonos, sí, es evidente, recuperando los años perdidos y gracias al camino que nos abrieron. Y los hombres también lo tienen que hacer, los hombres más que nadie, porque en esto vienen de más atrás, porque si no son lo suficientemente valientes para cuestionarse a sí mismos, para no hacer la llamada del sábado, si los hombres no se mueven, la lucha será estéril, no podremos. ¡Hombres, muévase, es necesario!
La lucha por la igualdad no es algo sólo de las mujeres, no hay que caer en este error. Nos incumbe por igual a vosotros y nosotras. Sin esto la revolución que esperamos no llegará nunca.
Gracias a toda la gente del POUM, y de otros ámbitos, que lucharon entonces con esta visión, y gracias a todas las personas de hoy que también lo hacen con bastante sinceridad y auto crítica. Gracias a vosotros que me habéis escuchado.
Cristina Simó
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