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Organizar la resistencia social

La principal tarea de toda la izquierda ha de ser organizar la respuesta a las políticas de recortes sociales que contra las necesidades de la gran mayoria de la población va a aplicar el gobierno de Rajoy al dictado de Merkosy y los mercados.
08 de Diciembre de 2011
Organizar la resistencia social

El resultado de las elecciones legislativas, que han dado la mayoría absoluta al PP por el derrumbe del bloque social del PSOE, se enmarcan en el proceso de erosión democratica y falta de legitimidad de las políticas neoliberales, que en Grecia e Italia han acabado con los gobiernos de Papandreu y Berlusconi, para asegurar, al dictado del BCE, la aplicación de los planes de ajuste con los que hacer recaer sobre las clases trabajadoras la crisis de la deuda soberana y del euro.

A pesar de la amplia victoria del PP, la perspectiva es la de una larga inestabilidad económica -con la prolongación de la crisis de la deuda soberana, el euro y una segunda recesión-, social -porque las contradicciones sociales se desplazaran desde las instituciones parlamentarias, cada vez mas cuestionadas, al conflicto en la sociedad civil- y política -porqué la mayoría absoluta no dota al PP de legitimidad para aplicar los planes de austeridad y porque estos, lejos de sacarnos de la crisis, nos hunden más en ella.

Esta crisis triple se extiende al conjunto de la UE y, al plantear la imposibilidad de una salida de la crisis en cada uno de sus estados miembros, exige la coordinación de la resistencia social y la construcción de una alternativa política desde la izquierda para una nueva Europa, como ya adelantamos en nuestro último Congreso.

En la actual coyuntura, las diferentes burguesías europeas no pueden ya seguir gobernando como antes, aunque la erosión de su legitimidad no ha provocado aun más que las primeras fisuras en su bloque hegemónico, incluso a nivel electoral. Las clases trabajadoras se encuentran a la defensiva, resistiendo las consecuencias de las políticas neoliberales. Pero como la crisis será larga y exige cambios sustanciales en la correlación de fuerzas entre las clases, puede producirse un lento proceso de aprendizaje de cuales son los intereses propios de las clases trabajadoras a través de las experiencias de resistencia, la construcción de nuevas vanguardias y el desarrollo de un bloque social alternativo a través de las políticas de frente único.

La idea clave de este período de resistencia contra las políticas neoliberales es la del conflicto social para modificar la correlación de fuerzas. Sin el desarrollo de un nivel de conflictividad social sostenido no será posible frenar los efectos mas devastadores de las políticas neoliberales, conservar niveles de gasto social conquistados, ni imponer políticas de relanzamiento del crecimiento económico que hagan disminuir sustancialmente el paro, que es hoy el principal problema de las clases trabajadoras. Es decir, sin un nivel mas elevado y sostenido de conflictividad social no se puede aplicar un programa socialdemócrata que no sea neoliberal al mismo tiempo (social-liberalismo), para no hablar de poner las condiciones de una alternativa que vaya más allá.

La aplicación de la nueva fase de las políticas de ajuste, al dictado del BCE, combinado con la victoria por mayoría absoluta del PP y el miedo a las consecuencias de un rescate tipo Grecia o Portugal, pueden bloquear durante un primer período la resistencia social de números sectores afectados.

Pero no será por mucho tiempo. Salimos de una agonía del Gobierno Zapatero que ha permitido recuperar una cierta autonomía de las organizaciones sindicales mayoritarias, que no pueden ignorar las abiertas pretensiones del Gobierno del PP de cuestionar la negociación colectiva y descolgar a las empresas de los acuerdos sectoriales, rebajar los salarios ligándolos a la competitividad y a la "devaluación interna", recortar las prestaciones por desempleo y reducir el gasto social con la excusa del reequilibrio fiscal.
Por otra parte, la experiencia de la movilización del 15-M, de su capacidad de debate asambleario y de luchar creando las condiciones sin esperar a que las condiciones produzcan las luchas, crea un ejemplo vivo de que la resistencia es posible ante los desahucios y otras consecuencias especialmente odiosas de la crisis.

La resistencia social se producirá espontáneamente, tendrá altibajos -dependiendo de su capacidad de frenar los ataques más duros, soportar la represión y conseguir apoyos sociales transversales-, ira acumulando fuerzas mediante la táctica instintiva de extenderse y multiplicarse. Pero su coordinación sectorial y territorial exige una orientación estratégica y la acción consciente de núcleos de vanguardia con la experiencia de otras luchas anteriores.

Por ello, la confluencia de los movimientos sociales indignados y de las organizaciones sindicales es esencial, respetando su autonomía pero apoyando solidariamente sus luchas a través de estructuras sectoriales de coordinación. Estas pueden ser de muchos tipos. Hemos conocido la experiencia en la fase anterior del Foro Social de Madrid, de las Coordinadoras Antifascistas en varías ciudades que agrupaban sobre todo jóvenes, del papel jugado por los ayuntamientos en diversas poblaciones de Euskal Herria....Lo fundamental, cualquiera que sea su forma, es mantener una orientación estratégica de frente único en lo social, que se combinará muy probablemente con mesas de organizaciones de vanguardia y partidos políticos. Las Mesas de Convergencia responden, desde un cierto voluntarismo, a esta tendencia.

Lo fundamental de este proceso de acumulación de fuerzas a través de la conflictividad social es cuestionar una estrategia alternativa del "mal menor", que se sustentaría no solo en la importante organización y capacidad de movilización social de la derecha, sino también en sectores de la burocracia sindical, ONGs...Al mismo tiempo, la acumulación de fuerzas exige la extensión de la solidaridad sin condiciones para evitar que los focos de resistencia espontánea queden aislados. Y sigue pendiente el debate iniciado en el movimiento 15-M sobre el papel de la política y de los partidos políticos de izquierda, de cuyo resultado dependerá en parte la renovación generacional de las actuales organizaciones de vanguardia.

Elementos de todo ello han estado presentes en la "marea verde" de la enseñanza en la Comunidad de Madrid, incluidas las tensiones entre las direcciones sindicales y las dinámicas asamblearias de base. Estas contradicciones son inevitables y necesarias para el desarrollo de la resistencia social y solo pueden resolverse interviniendo en el movimiento, ayudando a "reinterpretar" desde su propia experiencia su visión de si mismo.

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