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LA CUMBRE DEL EURO QUE DIVIDIÓ A LA UNIÓN EUROPEA

La reunión que debía tomar decisiones contra la crisis de la deuda acabó dividida y sin apenas resolver nada, sólo continuar con las políticas de austeridad que impone Alemania. En este artículo de G. Búster se analizan sus consecuencias.
13 de Diciembre de 2011
LA CUMBRE DEL EURO QUE DIVIDIÓ A LA UNIÓN EUROPEA

LA CUMBRE DEL EURO QUE DIVIDIÓ A LA UNIÓN EUROPEA

 

El Consejo Europeo del 9 de diciembre -la 25a cumbre sobre la crisis económica desde el verano de 2008- ha reiterado, ante todo, la lógica neoliberal de ajuste fiscal que ha guiado a los desnortados jefes de estado y gobierno europeos, hundiendo progresivamente a los estados miembros en la crisis de la deuda soberana y en una segunda recesión que primero han intervenido la soberanía económica de Grecia, Portugal e Irlanda, después han impuesto una Europa a varias velocidades y, finalmente, han acabado partiendo a la UE, excluyendo al Reino Unido, y obligando a una "cooperación reforzada" de la eurozona.

Pero si como ha afirmado Sarkozy en Le Monde, se trata de "una refundación de Europa", lo es también de la constatación de que sólo una Europa más pequeña -la que esté dispuesta a aceptar las condiciones impuestas por la hegemonía de Alemania para salvar al euro-, es capaz de seguir aplicando un neoliberalismo que enfrenta ya a distintos sectores de las oligarquías europeas que habían apoyado la UE. Y esa "pequeña Europa del euro" se sustenta no ya en un proyecto ciudadano, sino en la omnipotencia de las tecnocracias que operan los mercados.

Pero a juzgar por las reacciones de los comentaristas del Financial Times, a ésta tendrán que seguir muchas otras cumbres más del euro. Porque, incapaz de reconocer que el problema de fondo es una arquitectura institucional del euro absolutamente desequilibrada, el eje franco-alemán -Merkozy- sigue empeñada en políticas económicas procíclicas, un ajuste fiscal y presupuestario de choque- que agudiza la recesión, amenaza con una deflación en el Sur de Europa, amplia la vulnerabilidad de la crisis de la deuda soberana y, al utilizarla como ariete para imponer la política de austeridad, impide que pueda irse absorbiendo gracias al crecimiento.

Porque al final, la gestión de la deuda soberana no sólo se ha convertido en el mejor negocio para la recuperación de los beneficios del sector financiero -al recibir prestamos sin fin al 1% del BCE y revenderle bonos en el mercado secundario al 4 o 5%- sino también en el caballo de Troya para imponer unos ajustes neoliberales estado-miembro a estado-miembro, sumiendo la legitimidad y la soberanía democrática en el recurso último de los gobiernos tecnocráticos que, como Italia o Grecia, ya solo responden a la troika del BCE-FMI-Comisión. 

 

Pacto del Euro plus 

 

¿Puede la imposición generalizada de las políticas de ajuste corregir los desequilibrios institucionales de la zona euro? El comunicado de la Cumbre comienza afirmando que ese es su objetivo: una arquitectura reforzada para la unión económica que abra camino a una gobernanza común presupuestaria.

Para ello se reafirman las reglas de Maastricht sobre el déficit publico -3% de déficit presupuestario, 60% de deuda pública- pero se crea un mecanismo automático de castigo, que actuara cuando se supere un 0,5% de déficit estructural en relación con el PIB. Entonces, la Comisión -a la que se reduce a su papel de guardiana de los tratados- y el BCE deberán actuar, imponiendo multas y hojas de ruta para reconducir al estado miembro a la disciplina presupuestaria común de la eurozona, cuyo objetivo debe ser la convergencia. Las Cumbres del Euro se reunirán, al menos, dos veces al año

La zanahoria vendrá de la mano del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) que prestará a los estados miembros que no puedan encontrar ya financiación en los mercados para su deuda, a imagen y semejanza del FMI. El BCE se limitará, mientras tanto, a financiar sin límite de liquidez a la banca privada europea. La responsabilidad de mantener el gotero para los estados anémicos por su financiación previa de la deuda privada, corresponderá solo al MEDE, aunque lo opere también el BCE. El ya casi olvidado Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) deberá contar con recursos suficientes para el MEDE para que este sea capaz de ofrecer prestamos por valor de 500.000 millones de euros, con un coeficiente mínimo de capitalización del 15%. Pero como el MEDE no estará en funcionamiento hasta el mes de julio del 2012, en diez días, los estados miembros ampliarán su aportación al FMI en 200.000 millones de euros para sostener mientras tanto a Grecia, Irlanda y Portugal y los otros estados miembros de la UE que no pertenecen al euro y que están  prácticamente quebrados, como los estados bálticos o Hungría.

Salvar al Euro a costa de la UE

El MEDE funcionará, a solicitud de la Comisión y el BCE, con una mayoría de voto del 85% de su capital. Su control queda así en manos del eje franco-alemán. La España de Rajoy queda excluida del derecho de veto, al no alcanzar su aportación el 15% del capital del MEDE, es decir, entre los estados miembros cuyas prioridades quedan subordinadas al núcleo duro.

El BCE se irá ajustando a su mandato de no monetarizar la deuda presupuestaria de los estados miembros. Ello después de lanzar 207.500 millones de euros en el mercado secundario de bonos desde mayo de 2010. Una violación de su reglamento que ha sido utilizada como último recurso para salvar a la banca privada, mantener la tasa de interés de los bonos por debajo del 6% y para disciplinar a los estados miembros. La semana antes de la Cumbre, el BCE se limitó a comprar bonos por valor de 635 millones, aplicando la leninista consigna de sostener a los estados miembros acosados por los mercados "como la cuerda sostiene al ahorcado". El respiro consistió en bajar el diferencias de 395 a 332 para España y de 474 a 338 para Italia. No hay que decir que Monti y Zapatero-Rajoy fueron entusiastas defensores del eje franco-alemán.

Quién no fue nada entusiasta de esta imposición de intereses estratégicos de las oligarquías del euro, fue David Cameron, el primer ministro británico. Por un lado, llegaba a la Cumbre con la fuerte presión de los conservadores "euroescépticos", que vienen exigiendo un referéndum sobre el papel de Gran Bretaña en la UE. Por otra, de la industria financiera de la City, que no está dispuesta a ser regulada por los intereses de una moneda como el euro que no es la suya. Su veto a los acuerdos de Merkozy convirtió a éstos de un nuevo tratado comunitario en un acuerdo intergubernamental de los estados miembros del euro, al que podían sumarse quienes aspirasen a integrarse en la moneda única. Gran Bretaña quedaba en los márgenes del mercado común y el Tratado de Lisboa, los dominios definidos de la Comisión, fuera de la "nueva Europa" de la gobernanza económica del euro.

Ganar tiempo para imponer la austeridad

La consecuencia más importante de la asimétrica estructura institucional del euro, que jerarquiza en un régimen integrado de mercado único niveles de productividad y gasto públicos muy distintos, es el superávit comercial de Alemania.

 

La competitividad en el mercado mundial de las exportaciones alemanas -incluido en el mercado único europeo- es el resultado de la combinación de los bajos costes de producción de las industrias de componentes de los países menos desarrollados de la UE, una importante contención de salarios en la propia Alemania en los últimos diez años, y la dominación por Alemania de los mecanismos de decisión comunitarios, empezando por la Comisión y el BCE. Se produce así un trasvase de plusvalías desde la periferia -los países con mayores déficits comerciales- hacia el centro, con superávit. Un superávit que, en el caso alemán, representa el 5,7% del PIB, mayor que el de China (5,2%).

Como se ha recordado una y otra vez estos días, el superávit alemán  exige a medio plazo cambiar esa lógica para salir de la crisis, combinando también una reducción del déficit comercial de los países de la periferia y del superávit del centro. Esa, y no otra cosa, es la tan cacareada convergencia de la zona euro. Pero sin un aumento del consumo y la inversión en la propia Alemania no pueden crecer las exportaciones del resto de Europa a Alemania. El aumento controlado de la inflación que ello conllevaría -el gran tabú político en Alemania- es la verdadera alternativa  a una progresiva convergencia de la competitividad con los países de la periferia que no se haga vía "devaluación interna" (bajada de salarios y reducción del gasto público) y austeridad fiscal.

La Cumbre del Euro plus no aborda ninguno de los problemas de fondo de la crisis de la deuda soberana ni de la segunda recesión europea. Pero sigue ganando tiempo mientras se van asumiendo las doctrinas neoliberales de Merkozy como inevitables, a pesar de que la experiencia cotidiana es la de su ineficacia más completa. A falta de alternativas por la izquierda, la "táctica del mal menor" de negociar la imposición del ajuste neoliberal, requerirá cada vez más un acto de fe de los convencidos que a ellos no les afectará la crisis o lo hará con sufrimientos soportables, a pesar de estar rodeados de una pobreza creciente. Mientras no se produzca un agravamiento de las contradicciones entre los diferentes sectores de las oligarquías europeas y una mayor resistencia social a nivel europeo, la "lógica Merkozy" seguirá aplicándose como la fórmula de austeridad neoliberal que combina los intereses de las burguesías alemana y francesa, y jerarquiza a su alrededor los del resto de las burguesías europeas.

La otra alternativa, una favorable al consumo de las clases populares, al mantenimiento del gasto para los servicios sociales, exige un diseño de la arquitectura institucional del euro completamente distinta: un BCE garante de última instancia, capaz de refinanciar las deudas soberanas a través de unos eurobonos que monetaricen los déficits fiscales; unas políticas comunitarias sociales capaces de converger en competitividad y productividad a través de mecanismos redistributivos que aseguren los derechos sociales de todos los ciudadanos europeos; una nueva legitimidad democrática capaz de representar los intereses de la mayoría en la UE, no la imposición bajo chantaje de gobiernos y acuerdos "tecnocráticos".

Pero para todo ello, el primer paso es resistir las políticas de ajuste, acumular fuerzas a través de la solidaridad europea, comenzar a cambiar una correlación de fuerzas cada vez más desfavorable, pero cuyo punto de apoyo es el miedo, la división de las izquierdas, la "táctica del mal menor", y la resignación.

Resistir es difícil, pero es la única salida.

 

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