La izquierda contra la dictadura de la deuda
Los mercades están utilizando la crisis de la deuda para sobreexplotar a los trabajadores con las políticas de austeridad. Artículo de Francisco Louça, economista portugués de perstigio internacional y principal dirigente del Bloco d'Esquerda.
22 de Noviembre de 2011
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La izquierda contra la dictadura de la deuda.

El debate en la izquierda acerca de la respuesta a la crisis de la deuda es fundamental para definir la política socialista. Este texto se ocupa de eso.

En la primera parte, discuto la crisis del euro. Pretendo argumentar, como muchos otros, que ella es estructural y permanente, al contrario de lo que afirma el consenso entre la socialdemocracia y la derecha. En la segunda parte, discuto las dos nuevas alternativas que han sido propuestas contra la estrategia del europeísmo de izquierda: la salida nacionalista y el salto para el Estado Europeo. Pretendo probar que estas alternativas tienen tres problemas: son violentamente contradictorias, se apoyan en el ocultamiento de sus efectos económicos y sociales reales e ignora la relación de fuerzas en que se efectúan esas opciones. En la tercera parte, discuto el nuevo europeísmo de izquierda y pretendo probar que una alternativa económica exige una estrategia de lucha de clases. Para ello, volvamos a lo esencial.

La crisis del euro es estructural y va a agravarse

Las definiciones fundadoras de la Unión Europea y, en particular, de la creación de la moneda única, tienen el cuño del consenso histórico entre la socialdemocracia y la derecha. De hecho, sobre las opciones fundamentales para esta estructura institucional, no existió alguna diferencia esencial entre estos socios. Fue una amplísima mayoría de gobiernos socialdemócratas la que definió las reglas de Maastricht, que son el pilar fundacional del euro – máximos permitidos de 3 por ciento del déficit y de 60 por ciento de deuda y, todavía más importante, la obligación de una contención permanente de la inflación a niveles insignificantes. Esos dogmas son hoy los instrumentos de la derecha que gobierna la Unión Europea (UE) y el origen de los problemas actuales. No son otros para la máquina de destrucción de las normas sociales del Estado de bienestar.

El problema es que el euro que resulta de ese consenso es una construcción insostenible. Es incoherente, vulnerable, desigual, perjudicial a la mayoría de los Estados y, fundamentalmente, vacía la democracia. Es preciso por eso analizar en detalle porque está fracasando el euro.

 

El euro es la crisis

La política de los líderes de la UE está cerrado en un consenso inicial muy fuerte: la creación de un régimen de financierización dominante mediante el euro, imponiendo a cada Estado el condicionamiento de su economía y la minimización de los gastos sociales. Este consenso ha sido debilitado por brechas en relación al manejo de las respuestas a la crisis: algunos gobiernos aceptan hoy los eurobonds que rechazaron siempre, unos quieren reducir las deudas con una pequeña desvalorización del capital, otros sostienen el modelo de expoliación de Grecia y de las otras economías periféricas. Las línea que siguen discuten estos dos puntos: la razón de la crisis del euro y las tentativas de solución dentro el euro.

En efecto, voy a resumir los análisis de Paul de Grauwe, un economista belga que es uno de los más reconocidos críticos del modelo del euro y que intenta remediarlo con varias propuestas (The Governance of a Fragile Eurozone, working paper de la Universidad de Lovaina).

De Grauwe escribe que, cuando existe una zona de moneda común como el euro, todas las economías pasan a emitir deuda soberana en euros pero, como no tienen control nacional sobre la moneda, se tornan vulnerables a los ataques especulativos que pueden forzar su quiebra, o default o cesación de pagos. O sea, el euro aumenta el riesgo de quiebra.

El ejemplo que presenta es la comparación entre España y el Reino Unido, entendiéndose que la proporción deuda/PIB inglés es mayor (en 2011 la diferencia entre uno y otro es de 17 por ciento). Sin embargo, el Reino Unido cuando emite deuda soberana paga tasas de interés menores, a pesar de estar mucho más endeudado. Hay evidentemente una primera razón para esta diferencia, que de Grauwe además ignora: los mercados financieros imponen tasas de interés considerando sus expectativas pero también su poder frente a cada economía, y el poder del Reino Unido es muy superior al de España, porque es uno de los mayores centros financieros y una gran economía mundial.

Pero la segunda razón, que es analizada en detalle por de Grauwe, es muy importante para percibir la debacle del euro: es que, de existir un fuerte ataque especulativo, el Reino Unido tiene una capacidad de respuesta que España – o Portugal– no tienen. Imaginen que los especuladores temen el incumplimiento británico y que, por ello venden los títulos de esa deuda pública. De esta manera el valor de su interés sube. Pero, en ese caso, los vendedores de los títulos normalmente irán a cambiar por otra moneda las libras que recibieron, lo que provoca dos efectos: la libra automáticamente se devalúa (se devaluó el 25 por ciento desde el inicio de la crisis), lo que facilita las exportaciones británicas y el Banco de Inglaterra comprará los títulos. La masa monetaria no es de este modo reducida (hasta puede aumentar) y no se llega a un problema de iliquidez. La economía corrige el problema si el Banco de Inglaterra actúa sin vacilaciones.

Por lo contrario, si ocurriese lo mismo en España – o en nuestro país en las mismas circunstancias – los fondos financieros venderán los títulos de la deuda española pero podrán invertir en otra economía los euros que recibieron. Se crea sí un problema de liquidez porque el Banco de España, que ahora es una sucursal del Banco Central Europeo, no quiere ni está autorizado a comprar los títulos. La oferta monetaria se reduce en España y los precios relativos no son corregidos, pasando a tener una grave restricción que agrava la austeridad.

El efecto siguiente es sobre las cuentas de los bancos nacionales que tienen en cartera una parte importante de la deuda pública: si los títulos valen menos, sus balances quedan desvalorizados, tienen más dificultades para obtener financiamiento y el crédito es restringido.

Sí, existe también un problema de deuda privada que, en Portugal como en otros países, es mayor que el de la deuda pública. Y ese problema agrava los costos de los préstamos que los bancos nacionales obtienen conjuntamente de la banca internacional.

Indirectamente los trabajadores están pagando ese costo con el agravamiento de los intereses cuando piden nuevos créditos y con el aumento de los impuestos para financiar las rentas que el Estado paga a la banca. Pero no hacerse ilusiones: incluso cuando ese problema no existiese, la presión sobre la deuda soberana podría todavía tener un efecto desastroso, como está pasando.

El efecto dominó es por ello muy fuerte: la especulación financiera consigue amenazar una economía vulnerable y el Estado puede quedar insolvente simplemente si los mercados financieros temen que quede insolvente. Para responder a esta dificultad, la ortodoxia europea sólo concibe la solución de la austeridad, que es la de la recesión.

Sólo que ese efecto de amenaza a las economías del euro no es la única amenaza en Europa. El Reino Unido, en el ejemplo de De Grauwe, está ahora aplicando la más salvaje ley de la austeridad, multiplicando los costos en las universidades, cortando la salud, atacando a los pobres, reduciendo la inversión y creando desempleo – a pesar de contar con todos los instrumentos monetarios para relanzar la economía contra la especulación. O sea, el problema europeo no es sólo el euro. Es también la lucha de clases.

La solución europea ha sido el aumento de la explotación por la vía de la austeridad

La respuesta europea a estas crisis nacionales acentuadas por la vulnerabilidad del euro es bien conocida: planes de austeridad para recuperar la competitividad a partir de la desvalorización de los salarios directos (quitar el subsidio por Navidad y feriados, recortar los salarios, aumentar el horario de trabajo) e indirectos (aumentos de los costos de la salud y educación, reducción de las pensiones). La austeridad provoca recesión, que agrava el déficit fiscal, lo que obliga a nuevos aumentos de los impuestos, que agrava la recesión. La recesión se transforma, como puede ocurrir en Portugal, en depresión prolongada.

Esto es una buena noticia para las finanzas y para la burguesía, porque altera profundamente las relaciones de fuerza entre las clases, abriendo las puertas a un nuevo régimen social, despidos fáciles, fin de los contratos colectivos, reducción del poder sindical, servicios públicos mínimos con la mercantilización de los servicios esenciales para la vida de las personas.

Las finanzas del Siglo XXI quieren vivir tanto de los mercados de capitales (la Bolsa) como de la gestión de los hospitales y los fondos de la seguridad social. Pero, mientras tanto, la depresión desvaloriza una parte del capital productivo y eso es la mala noticia para los capitalistas que marchan a la quiebra. Así tenemos los dos polos de tensión en la clase dominante: entre las finanzas y los bancos por un lado y entre estos los sectores y partes el capital productivo, por otro lado.

Y es sobretodo una mala noticia para la mayoría de la población porque significa una retroceso generacional del salario, o sea, un aumento de la
explotación. De esta manera la estructura del euro acentúa la peor de las políticas y la desvalorización del salario.

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